Paul Muguet


PAUL MUGUET, STANZA NOMINALE
FrontGround Galería Manolo Rivero, Mérida Yucatán, agosto > octubre 2012

(hoja de sala de la exposición)

Stanza Nominale o de la potencia del alma
por Marco Díaz Güemez

"La potencia del alma se define por la sola capacidad de conocer", aseguró Baruch Spinoza. De pronto, nos convertimos en un animal epistémico a nivel de tierra. De pronto, nos dimos cuenta de que los afectos y las imágenes de las cosas que conocemos tienen una huella en el cuerpo pero también una correlación, como pensamiento o idea, en el alma. De modo que el máximo esfuerzo en la vida es conocer las esencias singulares de las cosas.

Todo es singular. Por eso, nombrar es un acto complicado porque es un esfuerzo de universalización. Cada silla es una; cada puerta, distinta a la otra; los barandales son diferentes entre sí, y hasta un abanico perturba su propia palabra que pretende asemejarlo a otro. La exposición Stanza Nominale, de Paul Muguet, aborda este problema del alma y el cuerpo mediante la experiencia directa en los objetos más cotidianos posibles.

El recorrido de la expo es un paralelismo de las tres dimensiones del individuo según Spinoza (señaladas en un espléndido resumen por Gilles Deleuze), en este caso, un individuo empapado de la biósfera meridana.

Primero, estamos "compuestos en lo infinito" de partes extensivas: las sillas y las puertas remarcan la presencia de un cuerpo sensual y noctámbulo.

Segundo, lo infinito nos pertenece pero "bajo relaciones características": entre barandales y cajas de aire acondicionado, la herrería habla del tiempo en una reflexión inacabable.

Por último, en la tercera dimensión, esas relaciones "expresan un grado de potencia que constituye mi esencia singular": un abanico, de la marca Man (hombre en inglés), visto en video, nos acerca al vivo retrato de uno mismo. Sí, somos singulares.

Spinoza asegura que “quien tiene un cuerpo apto para muchas cosas, tiene un alma cuya mayor parte es eterna”. En Stanza Nominale asistimos a ese proceso que nos lleva de las pasiones a los afectos, del cuerpo al alma, y de lo universal a lo particular. Nos lleva, pues, a la antesala de lo que en nosotros pervivirá más allá del cuerpo, del conocimiento y del pensamiento, cuando sólo seamos alma.

Marco Díaz Güemez
Mérida, agosto de 2012.