Paul Muguet





PAUL MUGUET, SECUENCIAS MEXICANAS
Freijo Gallery, Madrid España, 31/03 > 21/05 2016

Texto del catálogo de la exposición por Juan de Nieves:

HERMENÉUTICAS DEL COLOR

La práctica artística de Paul Muguet, iniciada de manera activa con el cambio de milenio, se inscribe de lleno en las circunstancias de una nueva modernidad que algunos autores han caracterizado, quizás de manera en exceso simplista, como la del fin de los grandes relatos. Nicolas Bourriaud calificó este momento como el de una alter-modernidad en la que el flujo constante de información junto a las nuevas capacidades para movernos con extrema facilidad en un mundo globalizado e híper conectado, están afectando poderosamente nuestras maneras de vivir y de estar en el mundo. La movilidad y la noción de lo transcultural parecen ser las bases y al mismo tiempo las herramientas esenciales para la configuración de nuevas prácticas artísticas en el marco de un universo caótico y pululante, en el cual, por cierto, otros movimientos migratorios de naturaleza bien diversa deberían hacernos reflexionar sobre nuestras actuaciones y responsabilidades en el presente. Las capacidades del arte para observar y reaccionar ante este nuevo orden, asociándose a menudo con otras disciplinas del pensamiento, constituyen también un rasgo distintivo de esta nueva modernidad.

En palabras de Bourriaud, el artista del presente se convierte en un “homo viator”, prototipo del viajero contemporáneo cuyo paso a través de signos y formatos se refiere a una experiencia de movilidad y de viaje que va más allá de la mera geografía. Esta nueva manera de ser y estar como artista se corresponde a su vez con nuevas prácticas conformadas en el espacio y en el tiempo, materializando trayectorias mas que destinos. La forma de cada trabajo se expresa a través de un rumbo, de un deambular que no se ajusta a unas coordenadas inalterables en el espacio y en el tiempo. De esta afirmación se desprende la necesidad de un entendimiento de la Historia como condición fundamental para actuar en el presente.

El trabajo de Paul Muguet traslada y recodifica información desde un registro a otro, deambulando entre la geografía, la cultura y la historia. Su último trabajo, presentado en la galería Freijo bajo el título de Secuencias mexicanas, atraviesa en efecto estas tres coordenadas con un rigor, más ajustado si cabe, que en otros trabajos anteriores. La circunstancia vital del artista, su condición como mexicano de ascendiente francés, y unido a ello su formación académica en Francia, contribuye a que su investigación sobre el Sarape de Saltillo, punto de partida de esta exposición, sea abordado con la distancia necesaria que requieren las tradiciones culturales de esta naturaleza. En los textiles de Saltillo se dan una serie de características tanto formales como culturales, históricas y políticas, que trascienden la artesanía para situarse en el terreno de lo simbólico e identitario. Hasta el punto que la peculiar geometría de sus diseños y la combinación cromática que caracteriza dichos tejidos, nos remite inmediatamente a la esencia de la mexicanidad. Muguet va más allá de una fascinación, por otra parte ya desarrollada por multitud de artistas en otros momentos históricos, y sitúa el sarape como disculpa para elaborar un discurso sobre el estatus de la pintura y en suma de la re-significación del objeto artístico y de sus nuevas capacidades como hipertexto.

No es que el artista renuncie a poner de manifiesto el potencial espiritual y hasta el carácter sincrético que, artistas como Josef y Anni Albers, detectaron a finales de los años cuarenta del pasado siglo en sus recorridos mexicanos; al contrario, Muguet también asume en la producción de sus “pinturas” una cierta sistematización en cuanto a la interacción del color y de las geometrías desde su registro popular hasta su conversión en objetos de alta cultura. Pero hoy en día el sarape es mucho más que un objeto de deseo exótico, y su significado pasa tanto por una lectura histórica y política como por su instrumentalización, siempre reduccionista, en el ámbito de las operaciones turísticas del estado. Esta nueva lectura más compleja, deudora de los estudios culturales y su exploración en las formas de producción y de creación de significados, permiten a Paul Muguet asomarse a la tradición del sarape de Saltillo desde una perspectiva interdisciplinar a la que se suman, como adelantábamos anteriormente, otras consideraciones sobre el propio estatus del objeto artístico, su relación con el espectador y con el espacio en el que ambos se insertan, o la yuxtaposición de formatos hasta hace bien poco inamovibles.

En las dieciocho piezas que componen la serie completa de estas secuencias mexicanas, poco importa quizás si estamos ante pinturas u objetos, una indefinición que por otra parte caracteriza el trabajo de Muguet desde sus inicios. La versatilidad de sus, llamémosles artefactos, establece que la palabra puede ser a la vez un objeto escultórico, y que en ocasiones éste también podría ser visto como un diseño utilitario. Esta condición está presente también en estas “pinturas” que se nos ofrecen generosas y vibrantes desde una escala aprehensible a nuestra mirada y también a nuestro cuerpo, con una clara vocación de interpelación a los sentidos desde lo táctil a lo sonoro y casi olfativo. Sus atributos musicales operan también en el propio espacio en el que se insertan, dando protagonismo a los silencios que de manera igualmente calculada a la de su propia configuración cromática, nos conceden oportunas treguas en la lectura de este recorrido alucinado.

Estas secuencias iluminadas no rinden tributo gratuito a una de las tradiciones culturales de mayor arraigo en México, constituyen por el contrario un viaje honesto y riguroso en un ejercicio de síntesis que las resitúa en el presente, volviéndolas a nombrar en voz alta. Su impacto visual es tan solo el reclamo desde el cual se nos invita a reflexionar en torno a la capacidad política de las imágenes y su trascendencia en el imaginario colectivo.

Juan de Nieves